La inteligencia emocional desarrollada
desde temprana edad es el punto de partida de adultos felices. Tener
éxito, ser optimista y confiado en la edad adulta o por el contrario
esperar el fracaso, depende de cómo el ser humano haya sido educado
emocionalmente durante los primeros años de vida. Las emociones son el
motor de nuestras vidas y, por ello influyen directamente en nuestras
decisiones más sencillas y más difíciles, sobre todo cuando lo racional
no ocupa lugar.
La capacidad de unificar cerebro y emoción, cabeza y corazón, consiste el reto de la Inteligencia Emocional, con el fin de conseguir viajar frecuentemente por el camino de éxito y la Felicidad.
La capacidad de unificar cerebro y emoción, cabeza y corazón, consiste el reto de la Inteligencia Emocional, con el fin de conseguir viajar frecuentemente por el camino de éxito y la Felicidad.
La educación, al igual que la sociedad,
está cambiando y en los últimos tiempos ha aparecido una alternativa
educativa más centrada en enseñar al niño sentimientos y no en
convertirlo en un almacén memorístico de datos que pueden encontrar en
diferentes archivos, sean virtuales o no. Este tipo de educación no solo
enseña a controlar tus emociones sino que también enseña a
expresarlas a conocerlas mejor, a vivirlas mejor. Y eso es lo que
realmente vale, para lograr la felicidad en la vida.
Desde la escuela tenemos la
responsabilidad de poner en práctica técnicas, estrategias y actividades
que vayan dirigidas a este fin. Hemos de lograr educar a los alumnos de
manera positiva, que aprendan a poner nombre a sus emociones, que
aprendan a conducirlas constructivamente (en el caso de las negativas),
que aprendan a pedir ayuda en el caso de que la necesiten, a reconocer
sus propias emociones, en general, a crecer siendo unas buenas personas
con capacidad para la empatía, y llegando a ser unos adultos felices.
Preguntarles cómo se sienten, que pongan nombre a sus emociones.
Preguntarles el por qué se sienten así, dejarlos que se expliquen
libremente. Preguntarles si podemos ayudarles, y esperar a que ellos nos
digan cómo. Utilizar muñecos para representar conflictos emocionales.
Utilizar la técnica del masaje en el aula para relajarlos. Etc. Son
algunas de las estrategias que se pueden usar en el aula de infantil
para empezar a trabajar la educación emocional con nuestros alumnos.
Os dejo el enlace a un vídeo muy
interesante sobre el tema. Realizado por un grupo de estudiantes, en él
se explica de manera muy clara e ilustrativa como llevar a cabo un buen
trabajo de educación de la emociones en los más pequeños. ¡No dejéis de
verlo!
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